OPINIÓN: Nuevo gobierno, nuevo embeleco.

2018-08-12 96

Por: Felipe Medina.

Reformas y más reformas es lo que anuncia Duque para  proyectar el país al desarrollo, porque  ahora sí van a hacer lo que antes no hicieron,   pero realmente lo que busca es  que le otorguen   facultades plenipotenciarias que le permitan decidir a su libre antojo,  mientras       a la  ciudadanía  que clama por  mejores condiciones de vida la someten a una infinita incertidumbre; Es de entender que  si proponen reformas constitucionales  es para  abrirle paso a sus propósitos  que en últimas   son un golpe a la misma constitución y que generalmente son  peor, que es lo que  ha sucedido en   Colombia,  donde  como  resultado de ello la constitución de 1991  ha sufrido  46 reformas y el desarrollo del país no aflora por ningún lado.

Como consecuencia de  la constitución del 91 y con el sofisma  de “bien venidos al futuro”  con el revolcón de Gaviria,   no olvidemos que a éste lo presentaban   como una figura nueva  sin compromisos ni  con la vieja casta política  ni la  económica que venía  rigiendo los destinos del país, simultáneamente con  el mismo recetario  presentaron  al hoy  electo presidente,  donde   todos  resultan ser el continuismo, pero lo innegable es    el rumbo desastroso  que tomó el   país en sus  eventos políticos  que de  nada le han servido al desarrollo,   tales como: los  cacareados Tratados de Libre Comercio que de libre no tienen más que el nombre y que han jugado un papel altamente  negativo frente a la producción nacional, La ley 100  que permitió  la  intermediación financiera  para convertir la salud en un negocio y que con toda la razón ha  recibido el repudio social,  el proceso de  privatización con  lo que le arrebataron  al país sectores estratégicos  para  el desarrollo y la producción nacional, para colmo a  la crisis viene el  endeudamiento externo y las desastrosas reformas tributarias,  (mas sal en la llaga); La Apertura Económica lo que trajo  fue desindustrialización en la producción y la   industria  hoy es notorio cómo las ventas en el exterior se reducen,  mientras  nuestro  mercado lo copan mercancías foráneas, el comercio está sometido a la competencia desatada entre monopolios  que se encargan del mercadeo de la superproducción  de las potencias  que  arremeten contra los llamados países del tercer mundo.  Mayores no podrían ser los desastres del nuevo colonizaje al país y a todo esto se suma el mar de corrupción, saqueo y vasallaje. 

 En el marco de las reformas, la engañifa   radica en presentar  unos planes de reactivación  económica en una estela de propuestas a largo plazo, sustentadas en marcos teóricos  muy respaldadas  por equipos  encargados de ellos,  como supuestas soluciones a los graves problemas del país,    permite un amplio margen de ilusión  en el que caen muchos de los  sectores vacilantes ya por la fuerza de las injerencias externas  que necesitan del concurso de pillos que les sirvan de puente o por el oportunismo,  aprovechando las garantías que les brindan,  colocando todo al servicio de sus conveniencias y que defienden como una redención creyéndose y haciendo creer  que el capital externo vendrá a salvarnos  a partir de las alianzas público-privadas,  al tanto que se  dedican a acallar las voces que a lo largo y ancho del país nos colocamos  al orden del día contra ese populismo.

En virtud a esto no es extraño que se esté cocinando un nuevo periodo de incertidumbre con el embeleco que es lo requiere Colombia para salir del subdesarrollo.

Es indiscutible que los colombianos clamamos por transformaciones substanciales y profundas un el modelo político, económico, financiero y fundamentalmente en cómo relacionarnos con el mundo, en un marco bilateral de respeto, beneficio.

recíproco. Cosa muy distinta a las añejas y baratijas propuestas   aplicadas por estos gobiernos, que incluso   luego de demostrado el fracaso de la apertura   se atrevían a decir “es que no estábamos preparados”. Si no estábamos preparados para competir queda claro que sí lo estábamos para que destruyeran nuestra economía.